La salvación no es por obras

La salvación no es por obras

En el corazón de la fe cristiana evangélica reside una verdad inquebrantable, una piedra angular que ha sostenido la esperanza de generaciones de creyentes: la salvación no es por obras, sino por la gracia de Dios a través de la fe en nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Hermanos y hermanas en Cristo, permitidme llevaros en un viaje de reflexión a través de las Sagradas Escrituras. Donde encontraremos la base sólida de esta doctrina fundamental que nos llena de esperanza y nos impulsa a vivir en obediencia a nuestro Señor.

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En aquel tiempo Jesús, el Hijo de Dios encarnado, caminó sobre la tierra proclamando el mensaje de la salvación. Jesús en sus enseñanzas, Él nos dejó claros testimonios de que nuestra justificación ante Dios no depende de nuestras obras, sino de la fe en Él. En el Evangelio según San Juan, capítulo 6, versículo 29, Jesús nos dice: "Respondió Jesús y les dijo: —Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado." Cristo vive en nuestras vidas como el fundamento de nuestra fe, y esta fe es el vehículo de la gracia divina que nos salva.

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La salvación no es por obras

En consecuencia hermanos cristianos, nuestra fe nos lleva a entender que nuestras obras no pueden comprar la salvación. Por mucho que tratemos de vivir vidas justas y santas, nunca podremos alcanzar la perfección que Dios exige. En el libro de Efesios, capítulo 2, versículos 8 y 9, el apóstol Pablo nos enseña: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe." Para la gloria de Dios, reconocemos que la salvación es un regalo divino, no un logro humano.

En cambio, nuestras obras son el fruto natural de nuestra fe viva en Cristo. Cuando abrazamos la gracia de Dios y nos rendimos a su Señorío, el Espíritu Santo obra en nosotros. Transformando nuestros corazones y guiándonos hacia una vida de rectitud y amor. Como amados hermanos y hermanas en Cristo, entendemos que nuestras obras no son la causa de nuestra salvación, sino la respuesta a la gracia recibida.

Evidentemente, esta verdad resplandece en el libro de Romanos, capítulo 3, versículos 21 y 22: "Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia..." Así pues, hermanos en Cristo, somos justificados no por la observancia de la ley, sino por la fe en Jesús, quien cumplió perfectamente la ley en nuestro lugar.

Gálatas, capítulo 2, versículo 21

En virtud de estas enseñanzas bíblicas, entendemos que no hay lugar para el orgullo o la autosuficiencia en nuestra fe. Nos humillamos ante la cruz de Cristo, reconociendo que, sin su sacrificio expiatorio, estaríamos perdidos en nuestros pecados. Tal como lo expresó el apóstol Pablo en la epístola a los Gálatas, capítulo 2, versículo 21: "No desecho la gracia de Dios, porque si por la ley fuera la justicia, entonces por demás murió Cristo." Cabe mencionar al versículo, la gracia es la fuente de nuestra esperanza.

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Hechos, capítulo 16, versículo 30

Por otro lado, la historia de la iglesia primitiva nos muestra cómo esta doctrina central de la fe cristiana evangélica ha sido sostenida y proclamada con valentía desde sus inicios. Los apóstoles, inspirados por el Espíritu Santo, enseñaron a las primeras comunidades cristianas que la salvación es por fe en Jesús. En el libro de los Hechos, capítulo 16, versículo 30, el carcelero de Filipos pregunta a Pablo y Silas: "¿Qué debo hacer para ser salvo?" La respuesta de ellos resuena a través de los siglos: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa."

En cierto modo, el testimonio de aquel carcelero refleja la búsqueda universal de la humanidad por la redención. Todos anhelamos la paz y la reconciliación con Dios, pero no podemos alcanzarla por nuestros propios esfuerzos. En consecuencia hermanos cristianos, la buena noticia del Evangelio es que esta reconciliación está al alcance de todos aquellos que ponen su fe en Cristo.

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Romanos, capítulo 4

Del mismo modo, el apóstol Pablo, en su epístola a los Romanos, capítulo 4, utiliza el ejemplo de Abraham para ilustrar la relación entre la fe y la justificación. Abraham, considerado el padre de la fe, creyó a Dios, y "le fue contado por justicia." El versículo 5 de este mismo capítulo declara: "Mas al que no obra, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia." Aleluya, esta es la maravillosa verdad que confirma que la salvación no es por obras, sino por la gracia a través de la fe.

En verdad, queridos hermanos y hermanas en Cristo, esta doctrina de la justificación por la fe no es un mero concepto teológico, sino una verdad que transforma nuestras vidas. Cuando comprendemos que somos justificados no por lo que hacemos, sino por lo que Cristo hizo en la cruz, nuestro corazón rebosa de gratitud y amor hacia nuestro Salvador. Esta comprensión nos lleva a adorar a Dios en espíritu y en verdad, buscando vivir vidas que honren su nombre.

Por consiguiente, nuestro servicio en el reino de Dios no es un intento de ganar su favor, sino una respuesta de amor y gratitud por el favor que ya hemos recibido a través de Cristo. El apóstol Pablo exhorta a los creyentes en Efesios, capítulo 2, versículos 10: "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."

Cinco textos bíblicos donde Pablo señala que la salvación no es por obra

1. Gálatas 3: 10-14

 "Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo aquel que es colgado en un madero), para que la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles; para que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu."

Enseñanza: En este pasaje, el apóstol Pablo enfatiza que la ley no puede justificar a nadie ante Dios, ya que nadie puede cumplirla perfectamente. Más bien, la justificación viene a través de la fe en Jesucristo, quien nos redimió de la maldición de la ley al ser colgado en un madero por nosotros. La bendición de Abraham, que es la salvación por la fe, se extiende a todos los creyentes, tanto judíos como gentiles.

2. Tito 3: 4-8

"Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres."

Enseñanza: En este pasaje, Pablo subraya que la salvación no se logra mediante obras de justicia que nosotros hagamos, sino que es un acto de la misericordia de Dios. Somos justificados por Su gracia y nos convertimos en herederos de la vida eterna a través de la fe en Jesucristo. Si bien las buenas obras son importantes, no son la base de nuestra salvación; más bien, son el fruto de nuestra fe en Cristo.

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3. 2 Timoteo 1: 8-10

"Por tanto, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí su preso, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la manifestación de nuestro Salvador Jesucristo, quien quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio."

Enseñanza: Pablo insta a Timoteo a no avergonzarse del evangelio y a participar en las aflicciones por el bien del evangelio. En este contexto, Pablo enfatiza que la salvación no se basa en nuestras obras, sino en el propósito y la gracia de Dios en Cristo Jesús. Jesucristo vino para quitar la muerte y traer la vida eterna a través del evangelio.

4. Romanos 3:20, 28

"Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado... Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley."

Enseñanza: En Romanos, Pablo enfatiza que la ley no puede justificar a nadie, ya que solo revela el conocimiento del pecado. La justificación viene solo por medio de la fe en Jesucristo y no por las obras de la ley. Esta verdad es fundamental para comprender que la salvación es un regalo de Dios, no algo que podemos ganar.

5. Efesios 2: 8-9

 "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe."

Enseñanza: En este pasaje, Pablo hace hincapié en que la salvación es por gracia a través de la fe, y no es el resultado de nuestras obras. La razón es que Dios no quiere que nadie se gloríe en su propia justificación. Todo el mérito y la gloria pertenecen a Dios, quien nos concede la salvación como un don gratuito a través de la fe en Jesucristo.

Reflexión general del porque la salvación no es por obras

La salvación no es por obras

La enseñanza fundamental de que la salvación no es por obras es una piedra angular de la fe cristiana evangélica. Esta verdad no solo se encuentra en los escritos de Pablo, como hemos visto en los pasajes bíblicos anteriores, sino que se extiende a lo largo de toda la Escritura y tiene profundas implicaciones en nuestra relación con Dios. A continuación, reflexionaremos sobre algunas de las razones por las cuales la salvación no es por obras:

1. La incapacidad humana

 Uno de los motivos clave es la realidad de la incapacidad humana para cumplir la ley de Dios de manera perfecta. La ley revela nuestra imperfección y nuestra tendencia al pecado. Como se menciona en Romanos 3:20, "por las obras de la ley ningún ser humano será justificado". Si la salvación dependiera de nuestras obras, estaríamos condenados, ya que todos hemos fallado en algún momento.

2. La gracia de Dios | La salvación no es por obras

La gracia es un elemento central en la doctrina de la salvación. La salvación es un regalo de Dios, y no podemos merecerla por medio de nuestras acciones. Como se menciona en Efesios 2:8-9, "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe". La gracia de Dios es su amor inmerecido hacia nosotros, y la salvación es un acto de Su gracia generosa.

3. La glorificación de Dios

 La salvación por gracia a través de la fe exalta la gloria de Dios. Si pudiéramos salvarnos a nosotros mismos mediante nuestras obras, estaríamos en peligro de glorificarnos a nosotros mismos en lugar de a Dios. Sin embargo, la verdad de que la salvación es un don gratuito nos lleva a reconocer que toda la gloria y el mérito pertenecen a Dios. Como se afirma en Efesios 2:9, "no por obras, para que nadie se gloríe". Dios es glorificado cuando dependemos de Él y reconocemos nuestra necesidad de Su gracia.

4. La igualdad en Cristo

La enseñanza de que la salvación no es por obras enfatiza que todos somos iguales ante Dios. No importa cuán buenas sean nuestras obras, nadie puede jactarse de ser más digno de la salvación que otro. Como se menciona en Romanos 3:28, "Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley". Esta igualdad en Cristo derriba cualquier barrera de orgullo o superioridad humana.

5. El descanso en Cristo

Al comprender que la salvación no es por obras, encontramos un profundo descanso en Cristo. No tenemos que preocuparnos constantemente por si nuestras acciones son suficientes para ganar la salvación. En cambio, podemos confiar en la obra redentora de Jesucristo en la cruz y descansar en Su gracia. Como se menciona en Hebreos 4:10, "Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas."

En esa perspectiva queridos hermanos, la enseñanza de que la salvación no es por obras nos recuerda nuestra dependencia de la gracia de Dios, nos libera de la carga de tratar de ganar la salvación por nuestros propios méritos y nos llama a glorificar a Dios en todo. Es una verdad que nos humilla, nos transforma y nos llena de gratitud por el regalo inmerecido de la salvación en Jesucristo.

Te invitamos a leer: Hermanos en Cristo conoce más sobre el yelmo de la salvación

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Eudes - Dios Padre Nuestro

Estudiante universitario y Redactor en Dios Padre Nuestro, creyente y entusiasta del cristianismo evangélico ✝️

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