Dios nos ha dado autoridad

Dios nos ha dado autoridad

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, debemos ser agradecidos con Dios y reflexionar sobre un tema que es fundamental para nuestra fe: "Dios nos ha dado autoridad". Esta declaración es una verdad esencial en la doctrina cristiana evangélica, y a lo largo de este extenso discurso, exploraremos su significado. Así como su propósito divino y las bases bíblicas que la respaldan. Aleluya, por la oportunidad de estudiar juntos la Palabra de Dios y fortalecer nuestra comprensión de la autoridad que tenemos en Cristo.

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¿Qué significa que Dios nos ha dado autoridad?

Dios nos ha dado autoridad

En primer lugar, hermanos y hermanas, es imperativo que comprendamos el significado de la afirmación "Dios nos ha dado autoridad". Esta autoridad no es un poder terrenal, ni es una prerrogativa humana; es un don celestial otorgado por la gracia de Dios. Claramente este pasaje nos enseña que esta autoridad es espiritual y se manifiesta a través de nuestra relación con Jesucristo.

Cristo vive, y en virtud de estas enseñanzas bíblicas, entendemos que esta autoridad no nos concede el derecho de dominar a otros, sino que nos capacita para servir y predicar el evangelio de la redención. Nos da la facultad de vencer las fuerzas del mal y avanzar en la obra de Dios en la tierra. Así pues, hermanos en Cristo, esta autoridad es un tesoro divino que debemos utilizar con humildad y sabiduría, siempre para la gloria de Dios.

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Jesús aseguró nuestra autoridad y poder

Dios nos ha dado autoridad

En aquel tiempo, Jesús, el Hijo de Dios, caminó entre nosotros como el Salvador prometido. En Hebreos 1:3, la Escritura nos revela: "Él, que es el resplandor de la gloria de Dios y la expresión exacta de su naturaleza, sostiene todas las cosas con la palabra de su poder". Estas palabras nos muestran que Jesús es la fuente misma de nuestra autoridad. En comparación con este versículo, entendemos que nuestra autoridad proviene de nuestra conexión con el Todopoderoso, el que sostiene todas las cosas en el universo.

Así pues, hermanos y hermanas, cuando hablamos de autoridad, no podemos separarla de la obra redentora de Jesús en la cruz. Fue en la cruz donde Él conquistó al pecado y a la muerte, y al hacerlo, nos otorgó el poder de vencer al demonio y a Satanás. Es crucial recordar siempre que nuestra autoridad es un regalo precioso de la gracia divina, y no debemos darla por sentada.

Para que Dios nos da autoridad?

Evidentemente, en consecuencia, surge la pregunta: ¿Para qué Dios nos ha dado esta autoridad? En primer lugar, la autoridad que hemos recibido tiene un propósito supremo: la extensión del reino de Dios en la tierra. Nuestra misión como creyentes es predicar el evangelio y llevar a otros a la fe en Cristo. Nuestra autoridad nos capacita para cumplir esta tarea con valentía y convicción.

Para la gloria de Dios, hermanos y hermanas, debemos utilizar nuestra autoridad para liberar a aquellos que están oprimidos por el pecado y la oscuridad espiritual. En virtud de estas enseñanzas bíblicas, comprendemos que somos embajadores de Cristo, llamados a ser testigos vivos de Su amor y gracia.

A fin de cuentas, nuestra autoridad es un instrumento poderoso en las manos de Dios para la salvación de almas perdidas. Debemos ser razonables y dar respuesta a esa interrogante: Pues Dios nos ha dado la autoridad de vencer al demonio y de predicar el evangelio.

Para vencer al demonio o Satanás

En este combate espiritual en el que estamos inmersos, nuestra autoridad adquiere un papel crucial en la lucha contra el demonio y Satanás. Cabe mencionar al versículo de Hechos 3:6, donde Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda". Esta declaración ejemplifica la autoridad que poseemos como creyentes. No somos impotentes frente al enemigo, sino que podemos enfrentarlo en el nombre de Jesús.

Con base a estas enseñanzas bíblicas, entendemos que la autoridad que Dios nos ha dado nos capacita para resistir las artimañas del diablo. Ciertamente, hermanos, el diablo busca devorarnos, pero nosotros, revestidos con la armadura espiritual. Y también para respaldados por la autoridad de Cristo, podemos resistir firmemente. Cristo vive en nosotros, y a través de Él, somos más que vencedores.

Para predicar el evangelio

Sin embargo, no debemos limitar el alcance de nuestra autoridad únicamente a la lucha contra el mal. Para la gloria de Dios, debemos comprender que también estamos llamados a utilizar esta autoridad para predicar el evangelio y hacer discípulos. En el Gran Mandamiento de Jesús, en Mateo 28:19-20, nos encomendó: "Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que os he mandado". Esta es una clara manifestación de la autoridad que hemos recibido.

Hermanos y hermanas, no podemos cumplir este mandato divino sin ejercer la autoridad que Dios nos ha otorgado. En consecuencia, debemos proclamar el evangelio con valentía, confiando en que el Espíritu Santo nos guiará y respaldará nuestra labor. Nuestra autoridad es una herramienta poderosa para romper las cadenas del pecado y llevar a otros a una relación transformadora con Jesucristo.

Entre ellas figura nuestra responsabilidad de ser embajadores del reino de Dios en la tierra, proclamando las buenas nuevas de salvación con autoridad y amor.

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La autoridad de Dios: Heb. 1: 3, Hechos 3: 6

En la epístola a los Hebreos, capítulo 1, verso 3, encontramos una declaración profunda sobre la autoridad de Dios: "Él, que es el resplandor de la gloria de Dios y la expresión exacta de su naturaleza, sostiene todas las cosas con la palabra de su poder". Aquí, se nos revela la magnitud de la autoridad de Dios a través de Jesucristo. Él es el resplandor de la gloria divina, la manifestación misma de Dios en la carne. Jesucristo no solo lleva la autoridad de Dios, sino que es la autoridad divina encarnada.

Hermanos cabe destacar también a Hechos 3:6, vemos un ejemplo práctico de cómo esta autoridad se manifestó en la vida de los apóstoles. Pedro, lleno del Espíritu Santo, se encontró con un hombre cojo desde su nacimiento que pedía limosna en la puerta del templo. Pedro, mirándolo fijamente, dijo: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda". En ese momento, la autoridad de Dios se desató y el hombre cojo fue sanado instantáneamente.

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Reflexión Final: La Autoridad que Fluye de Nuestra Unión con Cristo

Dios nos ha dado autoridad

Hermanos y hermanas, estas Escrituras nos revelan la profunda verdad de que nuestra autoridad proviene de nuestra relación con Jesucristo, el resplandor de la gloria de Dios. Cuando estamos en Cristo, su autoridad se convierte en nuestra autoridad. Es un regalo celestial que no podemos subestimar ni tomar a la ligera.

Es nuestra responsabilidad como creyentes vivir en la plenitud de esta autoridad. No debemos permitir que el temor o la duda nos impidan ejercerla. Debemos recordar que Cristo vive en nosotros, y como tal, tenemos el poder para vencer al enemigo. Asi como de llevar a cabo la obra del Señor en la tierra.

Sin embargo, debemos ejercer esta autoridad con humildad y amor. No se trata de imponer nuestra voluntad, sino de seguir el ejemplo de Jesús, quien usó su autoridad para servir y sanar. Debemos usar nuestra autoridad para predicar el evangelio, para liberar a los cautivos, para orar por los enfermos y para edificar a la Iglesia.

En consecuencia, hermanos y hermanas, recordemos siempre que nuestra autoridad es un don sagrado que Dios nos ha confiado para su gloria y el avance de su reino. Utilicémosla con sabiduría, discernimiento y amor, siempre en el nombre de Jesucristo. Que esta enseñanza nos motive a caminar en la plenitud de la autoridad que Dios nos ha dado, para que podamos ser instrumentos efectivos en sus manos. Y ver su obra maravillosa en nuestras vidas y en el mundo que nos rodea. Amén.

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Eudes - Dios Padre Nuestro

Estudiante universitario y Redactor en Dios Padre Nuestro, creyente y entusiasta del cristianismo evangélico ✝️

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